La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

Do you feel the same?

Vino su primo J.M. a merendar con nosotros y trajo con él un juego nuevo de trinca para la PSP. Los tres críos lo pasaban bien, se divertían y le daban mordiscos a los sandwiches calientes que les había preparado, mientras yo leía alguna página de Ada o el ardor tumbada en el sofá.

No sé si fue porque llevaba la bata puesta (ya ves tú) o por algún resorte mental que no sabría subrayar pero que seguro tendrá mucho que ver con las instantáneas que retengo de mi relación con mamá, que interrumpiendo mi lectura sentí caer, repentina, fulminante, la versión maternal que ellos pudieran tener de mí -al igual que solía verla en ella, años atrás, mientras era yo la que jugaba despreocupadamente y ella la que leía quien sabe si Rayuela, quien sabe si Cien años de soledad y a mí me asaltaba esa visión de conjunto de la situación, nadie podría ya decir si demasiado madura, por la que ella tenía su papel y yo el mío, y me daba cuenta de ambos; sobre todo del suyo, referente maduro y adulto más allá de los límites de lo que cabe cuestionarse; seres, claro, ya por encima de casi cualquier cosa, esencialmente de la infancia; mayores que no hay que examinar ni son preocupantes porque son sólidos, o lo parecen, y no entran en colisión con el niño que eres sino que sencillamente están ahí, perennes de oficio, para guiar y reñir y muchas veces para cortar el rollo- y pensé en romper la barrera que no vemos, supongo que sagrada por cuanto entraría a grabarse en su memoria (como en la mía hubiera quedado grabada la pregunta si mi madre se hubiese atrevido a formularla), preguntándoles cómo de vieja me ven, sintiéndome yo tan joven, deteniendo los relojes durante la conversación, para decirles lo extraño que resulta que vean en mí -en Rosa, la Rosa que todavía no sabe qué hacer con su traje de novia, la Rosa, hermana pequeña de sus hermanas mayores, Rosa, que todavía echa el corazón por la boca, Rosa, la Rosa que se mira y contonea desde hace más de veinte años en los escaparates de la Avenida Reina Victoria y en el espejo del Santander, lo que son las cosas- a una madre. A su madre de reuniones de padres de alumnos, a su madre preparadora de leches y cenas y sandwiches calientes, que recibe a los primos, que les obliga a saludar al entrar porque siempre lo olvidan, su madre, su Rosa. La que encuentra increíble la velocidad con la que van sucediéndose, y a veces confundiéndose, los papeles que vamos representando y sobre todo, la que nunca acabará de creerse cómo de rápido van sobreviniéndonos los años.

Pero no lo hice. Y hubo un rato en que me arrepentí de no haberlo hecho, de no hacerles mirar más allá de lo que ven. Forzándoles la mirada.

Creo que es para ese tipo de cosas que no pueden o no deben hacerse, por lo que escribo. O por algo parecido que no nada tiene que ver, pero por esto también. Me gustaría que ni una sóla de estas palabras se perdiera, que llegado el momento las leyeran, recordaran esta instantánea y se dieran cuenta de que pasaban, o pudieron pasar, muchas más cosas de las que ellos veían aquélla tarde de domingo, con J.M. en casa, cuando estrenaron el Need For Speed Carbono y su anciana madre estuvo a punto, mordiéndoles el cogote y levantándolos en el aire, de sacarles del nido.

Sábado, 17 de Febrero de 2007 20:36.

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: NoSurrender

Bueno, a ciertas edades tempranas, las madres de algunos amiguitos llegan a producir fantasías inconfesables, eh. Todos los cerebros son complejos; los de los adultos y los de los niños también :)

Los recuerdos de nuestra infancia, en cualquier caso, no son lineales ni concretos. No sabemos lo que nuestros hijos recordarán ni cómo lo distorsionarán. Yo, por ejemplo, los recuerdos más nítidos que conservo corresponden a momentos muy concretos de rutinas sin aparente interés que ninguno de mis padres podrían recordar ni por asomo.

La memoria es un mecanismo extraño. Freud decía que la manipulamos inconscientemente para eliminar depresiones existenciales, dejando que permanezcan lúcidos sólo los buenos y relegando los malos a oscuros cajones traumáticos amorfos.

Esa bata, por cierto, ¿era sexy?

Fecha: 18/02/2007 11:30.


Autor: La donna è mobile

Eso que comenta de la atracción por las mamás de ciertos amiguitos, no pertenece en exclusiva al terreno de lo masculino. En mi caso era el papá de mi amiga Luisa (un señor alto, rubio, de unos ojos azules imposibles de describir) que al aparecer en la escena de nuestros crímenes, hacía que ésta que le escribe lo tirara todo, contestara tartamudeando a sus preguntas y hasta se sonrojara.

¿Se acuerda cómo era sonrojarse? ¿Cuánto tiempo hace que no le pasa?

Es verdad eso que dice de la infancia. Nos quedamos con lo que queremos e incluso a fuerza de repetirnos lo que queremos, convertimos las recreaciones en certezas. Pero es que es tanto el material que acumulamos, que no hay mano capaz de barajarlo. Perdonémonos, que ya lo dijo Borges, “Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a si mismo” (qué grande, enorme, el evangelio apócrifo), a lo que sabiamente añadió “Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.”, y por éstas, que puede contar conmigo para que le dé siempre la razón. Cuando como en este caso, la tenga.

:-)

La bata ganaría más con medio metro menos de largo. Si eso le da alguna pista, hable ahora o calle para siempre. (No, no era una bata sexy. Yo no soy una mujer sexy.)

Fecha: 18/02/2007 18:27.


Añadir un comentario




No será mostrado.




Temas



Enlaces

Tarjetero

  • http://www.nedstatbasic.net/stats?ADJ2QQP6alTVAmezEJa0Y54DWhlA
Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con iCities, 1001 relatos y el I Encuentro Rural de Blogs.]